Selk’nam


En el extremo sur de América se encuentra el Estrecho de Magallanes que separa al continente del Archipiélago de Tierra del Fuego. El nombre del mismo –y de su isla más grande- se debe a las sorprendentes y constantes fogatas que lograron divisar ahí los primeros europeos que exploraron sus costas. Esas hogueras eran la forma en que los originarios Selk’nam se protegían del frío austral, y que a pesar del duro clima, apenas utilizaban ropa. Sólo el fuego y su especial adaptación metabólica (temperatura corporal un grado superior a la nuestra) los mantenía calientes. Portaban sus hogueras encendidas incluso en las canoas de corteza de lenga -roble blanco-, que utilizaban para pescar y cazar mamíferos marinos que eran su principal fuente de alimentos. De este pueblo indígena americano, hoy solo quedan descendientes mestizos.

El contacto con el hombre blanco comenzó en 1520 cuando Magallanes descubrió el estrecho que lleva su nombre y divisó sus fogatas, posteriormente, los contactos continuaron en forma esporádica hasta las últimas décadas del siglo XIX con la llegada de misioneros salesianos, ganaderos y mineros que llegaron buscando oro a la isla.

A partir del siglo XVIII el tráfico de embarcaciones europeas se incrementó por el Estrecho de Magallanes y con él llegaron los barcos loberos que acabaron pronto con su principal alimento ya que ahuyentaron las focas y de paso les dejaron varicela, tuberculosis, alcoholismo y otros males que los llevaron a una rápida extinción.

Tiempo después, a finales del siglo XIX- los buscadores de oro y grandes ganaderos criadores de ovejas, fueron quienes exterminaron definitivamente a los selk’nam. El asunto es que como ya no tenían mamíferos marinos para alimentarse, la única fuente de proteínas que les quedaba eran los guanacos –una especie de llama-, pero al llegar los colonizadores y despojarles de su territorio, estos quedaron diezmados a punto de desaparecer. La única alternativa que les quedó para alimentarse fue robar ovejas de las grandes granjas, y lastimosamente esto fue lo que selló su suerte, ya que los ganaderos se dedicaron a exterminarlos para evitar ser robados. Se estima que para esa época la población selk’nam era de cinco mil individuos aproximadamente.

También hicieron su aparición personajes nefastos como Julius Popper, un minero rumano que no tenía escrúpulos en masacrar a los nativos para apoderarse de sus “haruwens” o territorios, y que solía documentar fotográficamente sus cacerías humanas como si de un safari se tratara, para luego mostrar orgulloso las evidencias a sus amistades.
Sumado a esto, allá por 1894 la codicia de los ganaderos que llegaron convirtió la persecución del pueblo selk’nam en algo dramático. La familia de colonos asturianos Menéndez Behety dedicada a la crianza de ovejas, cometió una serie de atrocidades por medio de su capataz, un escocés de apellido McLennan, quien ejecutó las despiadadas ideas de sus patrones y dio rienda suelta a su instinto criminal. Esta familia se cansó del robo de bovinos por parte de los aborígenes y fijó un valor para efectivizar la matanza de los nativos. Por cada par de orejas o seno, una libra esterlina; y media libra por cada oreja de niño. Tras observar aborígenes sobrevivientes vagando sin orejas optaron por cotizar cabezas, testículos y órganos vitales.

Fueron legendarias las cacerías humanas -fusil en mano- del escocés, que obviamente contaban con la satisfacción y beneplácito de sus patrones.No conforme con esto, McLennan, una ocasión después de hallar una ballena varada antes que los aborígenes, la envenenó con altas dosis de estricnina. Luego de alimentarse de ella, murieron unos 500 selk’nam.

En otra ocasión les hizo creer a miembros de la tribu que ya cesarían las persecuciones y les inventó un falso plan para redistribuir las tierras y vivir en armonía. Para sellar el acuerdo, el infame escocés les ofreció un trágico banquete al que los inocentes nativos concurrieron incapaces de sospechar tanta crueldad. Una vez hartos de comer y embriagados, fueron víctimas de un cobarde y repentino tiroteo de los fusiles de la gente de McLennan. Este acto criminal sucedió en la playa de Santo Domingo y cobró alrededor de 300 víctimas más. De repente el resto de ganaderos copió la idea de los Menéndez y empezaron a contratar forajidos y asesinos a sueldo para mantener a salvo a sus ovejas de los aborígenes.

Por esos años también comenzaron a llegar a Tierra del Fuego misioneros católicos y protestantes. De hecho en 1888 se estableció una misión salesiana en Isla Dawson con el propósito de evangelizar y civilizar a los indígenas. En 1895 los estancieros llegaron a un acuerdo con la misión salesiana, les pagarían a los curas una libra esterlina por cada indígena recluido en la misión.

De esta forma los salesianos se convirtieron en cómplices de los ganaderos porque de a poco la isla de los misioneros llegó a convertirse en una cárcel, en un campo de concentración donde los selk’nam fueron encerrados y su libertad fue coartada en su propia tierra, donde durante cientos de años fueron libres, amos y señores.

Para rematar la situación, un comerciante belga –Maurice Matre- con la anuencia del Estado Chileno, embarcó a un grupo de Selk’nam y se los llevó para Europa en 1889 para presentarlos como caníbales en la Exposición de Paris. Les arrojaba carne cruda de caballo a la jaula para que se alimenten a vista del público.

Con el correr de los años más de 800 selk’nam llegaron a la misión salesiana de la Isla Dawson donde murió la mayoría debido al cambio de estilo de vida al sedentarismo, cambio de alimentación y a las nuevas enfermedades que llevaron los colonizadores. En 1974 murió la última representante pura de esta etnia, Ángela Loij. Algunos descendientes mestizos viven en la parte argentina de la isla Grande de Tierra del Fuego formando la Comunidad Rafaela Ishton. Hasta 1980 quedaban entre 3 y 5 descendientes que hablaban la lengua selk’nam, aunque el grado de conocimiento y fluidez variaba en cada caso. Probablemente a estas alturas ya no quede nadie vivo que hable esta lengua.


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