Ruinas antiguas de todo el Mundo

Erigido entre los años 447 y 438 a.C. en la Acrópolis, el Partenón es uno de los monumentos más importantes de la antigua civilización griega, además del edificio más representativo de toda Grecia. Consagrado a la diosa Atenea Parthenos, el Partenón es uno de los principales templos de construcción dórica que se conservan, y también el más grandioso de los monumentos creados durante la época de Pericles.

El Partenón fue erigido sobre un templo del siglo VI a.C., conocido como Hecatompedón, que fue destruido por los Persas.

El edificio del Partenón, construido en mármol blanco del Monte Pentélico, fue concebido para albergar la imagen de oro y marfil de Atenea Parthenos, una colosal estatua de doce metros de altura elaborada por Fidias.

Con unas dimensiones aproximadas de 70 metros de largo y 30 de ancho, el Partenón estaba rodeado por columnas en todo su perímetro, 8 en las fachadas principales y 17 en las laterales.

En el friso se representaba la procesión de las Panateneas, el festival religioso más importante que se llevaba a cabo en Atenas. A lo largo de las cuatro caras del edificio se desarrollaba la escena incluyendo más de 300 figuras humanas, dioses y bestias.

A lo largo de los siglos el Partenón ha sufrido diferentes transformaciones que han ido deteriorando el edificio a pasos de gigante. Entre los años 1208 y 1258, el interior del Partenón albergó una iglesia bizantina, y en 1458 fue transformado en una mezquita.

En 1687 fue utilizado como polvorín por los turcos, los explosivos sufrieron una detonación y el Partenón pagó las consecuencias. Más tarde, entre 1801 y 1803, los ingleses expoliaron gran parte de los detalles decorativos del Partenón. Lejos de ser devueltas a sus legítimos dueños, estas piezas aún se exhiben en museos como el Museo Británico de Londres.

Después de tantos y tan variados avatares, aún no había terminado el cúmulo de desgracias que afectarían al edificio del Partenón y en 1894 se vio afectado por uno de los terremotos más importantes en la historia de Grecia.

En la actualidad aún continúan las labores de conservación y reconstrucción en el edificio del Partenón. Se encuentra rodeado de grúas y elementos de contención, pero todo esto no es suficiente para eclipsar la magia del impresionante edificio.

La Grutas de Longmen son una serie de templos rupestres budistas talladas en la roca a orillas del río Yi, al sur de la ciudad de Luoyang, en la provincia de Henan, en China. El sitio incluye algunas 1.350 cuevas y 40 pagodas, que están llenas de estatuas de todas las formas y tamaños, que van desde 2.5 centímetros a la mayor estatua de Buda de 17 metros de altura. Hay unas 100.000 estatuas talladas en los acantilados de piedra caliza dura. Extendida por 1 km a lo largo de ambas orillas del río, las cuevas representan uno de los mejores ejemplos del arte budista chino.

Las Grutas de Longmen se encuentran a 12 km al sur de la histórica ciudad china de Luoyang. Aquí están las dos colinas que flanquean el río Yi haciéndose muy empinada, como un acantilado, cuando uno se acerca al valle del río. Es aquí donde la piedra caliza fácilmente trabajado fue tallada para producir las Grutas de Longmen.

La construcción de las Grutas de Longmen comenzó en el 493, durante el reinado del emperador Xiaowen y continuó a través de las sucesivas seis dinastías, incluyendo Tang y Song, por una duración de más de 400 años. El período más intenso de la talla data de finales del siglo quinto a mediados del siglo octavo. Aproximadamente un tercio de estas esculturas rupestres fueron talladas durante la dinastía Wei del Norte y dos tercios durante la dinastía Tang. El estilo de la escultura, el diseño de la ropa y la expresión facial de las estatuas, así como los métodos de talla muestran una clara progresión en el estilo sobre el medio milenio representado en las cuevas. Las primeras cuevas tienen forma de círculos, sencillas estatuas formalmente modelado de los hombres santos budistas, mientras que los de la dinastía Tang son más complejas e incorporan mujeres y las figuras de la corte también.

La más antigua y más grande de las Cuevas de Longmen es Guyangdong, situada en el centro de la planta sur de la colina occidental. La obra del emperador Xiaowen, atrajo tallas patrocinados por muchos de sus nobles y funcionarios y dignatarios religiosos, que aprobaban su política de reforma. Uno de los mejor conservados de las más grandes cuevas de Longmen, Huangfugong, se encuentra al sur de la colina occidental. Algunas de las estatuas más grandes fueron talladas durante la dinastía Tang. En la Cueva Fengxiansi, en la planta sur de la colina del oeste, están nueve estatuas colosales dominados por la de Buda Vairocana, con características rechoncha y una expresión compasiva.

Las cuevas han sufrido el vandalismo y el saqueo en los últimos años, comenzando con el movimiento anti-budista del siglo noveno. La destrucción continuó a manos de los cazadores de souvenir occidentales en los siglos 19 y 20, lo que resultó en muchas estatuas terminando en el extranjero en instituciones como el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, el Museo de Atkinson en Kansas City y el Museo Nacional de Tokio. Durante la Revolución Cultural, el sitio fue atacado por los guardias rojos que destruyeron y decapitaron muchas de las estatuas.

Hoy en día, las Grutas de Longmen es un sitio protegido. En 2000, fue inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Angkor Wat, la majestuosa y máxima expresión arquitectónica del poderoso imperio jemer, que mucho tiempo atrás dominó el sudeste asiático desde las montañas de la actual Myanmar, hasta las costas de Vietnam y la península de Malasia. Esta estructura descubierta por los occidentales a finales del siglo XVI, es la capital de este antiguo imperio y la construcción religiosa más grande de todo el mundo. Todo un tesoro patrimonio de Camboya, un orgullo nacional que incluso figura en su bandera y es el principal motivo de sus visitas turísticas al país. Este lugar esta catalogado como uno de los mejor descubrimientos arqueológicos del sudeste asiático, es toda una maravilla que nadie quiere perderse en su visita a Asia.

La verdad es que resulta una agradable experiencia caminar por dentro sus frondosos bosque mientras que se van descubriendo nuevos templos, espacios dignos de escenas de Indiana Jones y restos de levantamientos que fueron hogares de la alta clase jemer. Ya sea a bordo de un tuk tuk alquilado por todo el día, o a golpe de pedal con bicicleta, es posible visitar este sitio previo pago de la entrada por un 1 día, 3, o una semana entera para los que dispongan de mas tiempo y quieran repasar todos los rincones del recinto sagrado. Este conjunto de templos es el lugar ideal para desconectar del mundo y sumergirse en un viaje por el pasado mientras se repasa la historia de la región.

Suryavarman II reino el imperio desde 1113 a 1150, mando construir Angkor Wat, que significa ciudad de los templos, en algún tranquilo lugar donde los dioses dieran su aprobación. Soltó un buey y espero a que a su merced, bajo la influencia de los divina, se tumbara eligiendo el lugar ideal para la edificación, una obra que duraría unos 37 años. Tras años de crecimiento, en 1177 el confiado imperio fue saqueado por los Cham, un poblado de Vietnam que era enemigo natural de los jemer, pero pocos años después fueron expulsados del lugar y los jemeres ampliaron sus fronteras.

Aunque los templos fuera en principio hindúes, bajo el mandato de Jayavarman VII el lugar se convirtió al budismo, se remodelaron algunos edificios para adaptarlos a la nueva religión, y años después llegaron los primeros monjes budistas desde Sri Lanka. A pesar de la fuerza del imperio y haber llegado a tener mas de 20 mil habitantes entre sus paredes, un periodo de decadencia llego, donde Angkor fue siendo abandonada hasta que solo quedaron sus monjes, que seguían realizando sus practicas religiosas en el recinto. Finalmente la ciudad fue abandonada en 1432, y la capital del afectado reino fue movida muy cerca de la actual Phnom penh.

La selva oculto el yacimiento hasta que un francés llamado Henri Mouhot descubrió el templo, y a través de la publicación de sus cuadernos de viaje en París, el lugar fue dado a conocer en occidente. Un reportaje fotográfico echo por expedicionarios, termino de publicitar las ruinas que poco a poco fueron siendo mas visitadas por adinerados occidentales. En 1908 empezaron las primeras labores de restauración, que los franceses hicieron poco a poco hasta que en los años 70 fueron interrumpidos por la terrible revolución de los jemeres rojos. Tras el paso de la revuelta, diferentes servicios arqueológicos continuaron los arreglos y en 1995 el Angkor wat fue declarado patrimonio de la humanidad por parte de la UNESCO.

Durante más de 1500 años, las ciudades de Pompeya y Herculano permanecieron bajo gruesas capas de cenizas solidificadas luego de una gigantesca erupción volcánica. Siempre se especuló sobre su existencia, incluso se tenían mapas del Imperio Romano que la ubicaban con bastante precisión pero no fue hasta un día de 1550, cuando los trabajadores del arquitecto Dominico Fontana, que realizaban un acueducto, descubrieron por casualidad parte de la antigua metrópoli. Se dice que Fontana, al encontrar algunos frescos eróticos de los muros de la ciudad, se escandalizó tanto, debido a la estricta moral de la época, que volvió a enterrarlos, en un vano intento de ocultamiento arqueológico.

No fue hasta 1738, en que se redescubrió Herculano y avivó la búsqueda de esta ciudad perdida y diez años después se daba con algunas estructuras de Pompeya enterradas en la falda de volcán. Durante ese tiempo, Carlos III de España envió expediciones de saqueo pseudocientíficas en búsqueda de tesoros que rapiñar, que hasta hoy descansan en Madrid. Desde entonces, Pompeya y Herculano, no dejaron de fascinar a los arqueólogos, y público en general, porque, como ningún sitio arqueológico, ofrece un cuadro de la vida cotidiana bajo el Imperio Romano en el siglo I.

Como gran parte de las ciudades del golfo de Nápoles, la zona estaba ocupada desde el siglo IX a.C., aunque el asentamiento de Pompeya es mucho más nuevo. Para el siglo VII a.C., ya existía la ciudad. Los oscos probablemente hayan sido sus fundadores. Pompeya era un paso obligado entre las colonias de la Magna Grecia, al sur de la Península Itálica y las poderosas ciudades etruscas. Esto le permitió crecer como un centro de comercio.

Durante el siglo V a.C. fue ocupada por los Samnitas, otro pueblo de habla osca. En el año 89 a.C., Pompeya participó de una guerra contra Roma, pero el cónsul Lucio Cornelio Sila logró su rendición tras nueve años de sitio, convirtiéndose en una colonia romana bajo el nombre de Colonia Cornelia Veneria Pompeianorum. Su sitio estratégico en la confluencia de las rutas comerciales, le permitió reponerse y crecer rápidamente.

En el año 59 d.C. se produjeron serios disturbios en el anfiteatro de la ciudad entre los pompeyanos y unos visitantes de Nuceria. El enfrentamiento fue de tal magnitud que el emperador Nerón prohibió los juegos en la ciudad durante 10 años.

Alrededor del año 62 d.C., un fuerte terremoto sacudió a Pompeya que tuvo que reconstruir varios de sus edificios. Para el momento de la erupción todavía se seguía con estos trabajos.

Existen muy buenos registros sobre la erupción, sobre todo de primera mano, ya que Plinio el joven, un abogado, escritor y científico, fue actor de la catástrofe. En una carta a Cornelio Tácito (55-120 d.C.), historiador, senador, cónsul y gobernador del Imperio romano, se refirió sobre los acontecimientos. Estando en la cercana Miseno, sobre el golfo de Nápoles, donde estaba el asiento de la Flota imperial y cuyo tío era el prefecto, su homónimo Plinio el Viejo, pudo observar la extraña nube en forma de pino. Seguramente el Vesubio habría “avisado” con repetidos temblores. Ya en el año 62 d.C, Pompeya había sufrido un gran terremoto que preanunciaban la acumulación de roca fundida en la cámara de magma del volcán. Pero ninguno de sus habitantes supo interpretar esos designios y prosiguieron sus vidas. Incluso la mayoría creían que el Vesubio era una montaña.

Pero el 24 de agosto del año 79 d.C., las entrañas del volcán estaban por estallar debido a la presión del magma, bloqueadas por las rocas de la cúspide. Cerca de la 1 de la mañana un tremendo estampido despertó a los habitantes de Pompeya. Columnas de gases de más de 15 km se alzaron sobre sus cabezas. En pocos minutos, una intensa lluvia de piedra pómez se precipitó sobre las calles y templos de la ciudad. Sus incrédulos habitantes comenzaron a alarmarse al no detenerse. Algunos trataron de huir, otros se refugiaron en sus hogares, rogando a los dioses por sus vidas. Recordemos que para esa época, Pompeya estaba habitada por unas 15000 almas. Cerca de 100 millones de rocas pómez se depositaron sobre los crujientes techos. Algunos edificios no soportaron tamaño peso y colapsaron.

A la 1 de tarde, Plinio el viejo, desde Miseno, era alertado sobre la extraña nube negra que salía del Vesubio. En su calidad de comandante de la flota, alistó a sus hombres y embarcaciones para prestar ayuda. A mitad de su recorrido, la espesa nube de cenizas no les dejaba ver la costa, donde algunos refugiados esperaban en vano su llegada. El flujo piroclástico los alcanzó y fulminó. La gente de la playa no se quemó, se carbonizó. Sin posibilidades de ver y corridos por la nube, carraspeando los calientes gases, los esforzados marineros enfilaron sus galeras hacia Estabia, hoy Castellammare di Stabia. Su comandante encontraría allí la muerte por asfixia.

Por esos momentos, la cámara de magma del vólcan se desbordó y una segunda nube piroclástica se precipitó sobre Pompeya. Los que huían por las calles caían envenenados, otros se refugian en sus casas esperando que pase todo.

Durante las excavaciones, se hallaron unos 2000 cuerpos. Estaban enterrados bajo ceniza solidificada, que durante la erupción había consumido los tejidos, formando huecos que contenían los restos humanos. En 1860, el arqueólogo italiano Giuseppe Fiorelli rellenó estos huecos con yeso, y obtuvo moldes de los cuerpos de las víctimas que mostraban el último momento de su agonía. Algunos de ellos, exhiben la expresión de terror en sus caras. En posiciones fetales, se tapan la boca o cubren a sus niños tratando de evitar la inhalación de los gases tóxicos. Otros se aferran a sus joyas y ahorros. En el Domus de Julio Polibio (sabemos su nombre porque en el frente de la casa hay un grafiti que llama a votarlo en las próximas elecciones) se encontraron 13 esqueletos, uno de ellos de una joven en avanzado estado de gestación. Sabemos que eran una familia por el análisis del ADN, así que probablemente estos no huyeron en los primeros momentos de la erupción, por la situación de la joven embarazada. 19 horas esperaron encerrados, pero los techos no resistieron el peso de las rocas depositadas y uno a uno se derrumbaron.

Algunos tienen el cráneo quebrado, un indicio de una fuerte lesión probablemente por un golpe. El resto se refugiaron en las habitaciones del fondo. En la casa había tres varones adultos, tres mujeres adultas de distintas edades, cuatro niños, una niña, un bebé y un feto en el último mes de vida intrauterina. Uno de los varones prefirió ahorrarse el tormento quitándose la vida. Junto a su cuerpo se hallaron unas pequeñas botellas que contenían veneno. Incluso los perros guardianes siguen encadenados a las paredes de las casas de sus amos, al igual que los gladiadores del anfiteatro, en este último caso, sus cuerpos están acompañados de una misteriosa mujer cargada de joyas.

En la actualidad, millones de visitantes recorren las calles de Pompeya, maravillándose con sus obras de arte. En el sitio arqueológico podemos ver el Foro, centro cívico y comercial. Un amplio espacio abierto en forma rectangular rodeado de una columnata y edificios públicos, como el templo a Júpiter. También está el mercado de alimentos, el edificio de Eumaquia, que albergaba a los tintoreros y lavanderos, la Basílica y los templos de Apolo, de Vespasiano, el de Isis, el de Venus, las termas Estabianas, instalaciones deportivas, teatros, anfiteatros, lupanares y residencias privadas.

El paso de los romanos por las islas británicas ha dejado marcas en el terreno y en la historia. La Muralla de Adriano está allí para testimoniar el esfuerzo puesto por las legiones de Roma para frenar el embate de los pueblos del norte.

La famosa Muralla de Adriano, construida entre los años 122 a.C. y 128 a.C. por los romanos en territorio británico, ha ido degradándose por el uso de sus piedras para la realización de otras construcciones y por el paso de personas sobre ella. Sin embargo, aún está allí (o parte de ella) y podemos visitarla antes que desaparezca.

La muralla fue mandada construir por el Emperador Adriano a sus ingenieros para ayudar a mantener el territorio ocupado por los romanos en la provincia de la Britania. En definitiva separaba a los romanos (al sur de la misma) de los pueblos guerreros del norte, entre ellos los pictos.

Originalmente se extendía por unos 117 km desde el golfo de Solway, en el oeste, hasta el estuario del Tyne en el este. Desde Pons Aelius (actual Newcastle ) y Maglona (Carlisle).

Miles de mercenarios astures vigilaron en Inglaterra la muralla de Adriano, construida contra los bárbaros y que ahora peligra por las visitas de turistas
La muralla de Adriano, construida hace 2.000 años en el norte de Inglaterra por orden del emperador romano del mismo nombre -con la participación de mercenarios astures que realizaban labores de reconocimiento y alguna que otra escaramuza en los ejércitos que luchaban contra ellos-, sobrevivió durante casi 300 años a las invasiones de los bárbaros, pero quizá no logre resistir a las botas de los centenares de turistas que la visitan diariamente.

La erosión del muro, que mandó construir en el año 122 de nuestra era el emperador nacido en Itálica (Sevilla) y sobrino nieto de Trajano, es tan grave que la Unesco, que lo declaró allá por 1987 Patrimonio de la Humanidad, podría incluirlo en breve en su lista de monumentos «amenazados». La muralla, ya cerca de Escocia y cuya construcción se prolongó durante más de un lustro, está flanqueada por dos importantes ciudades: Newcastle (antes Pons Aelius) y Carlisle (antigua Maglona), capitales, respectivamente, de Northumberland y Cumbria, dos regiones fronterizas.

En un principio se extendía a lo largo de 80 millas romanas (117 kilómetros), desde el golfo de Solway, en el Oeste, hasta la desembocadura del río Tyne, en el Este, y su función principal fue militar: la de defender el territorio sometido del sur Britannia de las invasiones bárbaras del Norte, especialmente de las revoltosas tribus de Caledonia, aunque se cree que también servía de barrera aduanera. También marcó la frontera de la jurisdicción civil romana.

La construcción, la más importante de las estructuras levantadas por el Imperio romano en las islas británicas, de sillares de piedra en el tramo occidental y de turba y madera en el oriental, en su forma final, tenía de 2,4 a 3 metros de grosor y de 3,6 a 4,8 metros de altura, y estaba rematada, probablemente, por almenas, hasta llegar a los 6,5 metros. Una vía militar la recorría por su cara sur, en la que se levantaron una serie de fuertes controlados por entre 8 y 16 hombres armados. Al parecer, había un castillete por milla romana (equivalente a 1.480 metros) y puestos de centinela.

Pero, ¿como llegaron los astures a defender el muro de Adriano? Fue tras la conquista del noroeste de la península Ibérica cuando Roma centra su política de asimilación de las tribus astures en la incorporación de los jóvenes en el ejército. Por un lado, dándoles entrada en las unidades asentadas en Asturias y, por otro, creando cuerpos de tropas auxiliares a través de reclutamientos generalizados: eran las alas y las cohortes del grupo étnico Asturum, que la diplomática y, sobre todo, la epigrafía romana documentan abundantemente.

Así, después de que finalizasen las obras de la muralla, fueron las tropas auxiliares, no las legiones, las encargadas de guardar la frontera. Este segundo nivel del ejército romano, las «auxiliae», estaba conformado por unidades de infantería («cohors»), de caballería («ala») y mixtas («cohors equitata»). Tanto para las alas como para las cohortes, el número de efectivos podía ser de 1.000 hombres («miliaria») o de 500 («quingenaria»), como la mayoría de las unidades que estaban desplazadas al muro con excepción de una, y al igual que todos los destacamentos astures.

Se conoce la existencia de cinco alas y siete cohortes exclusivamente astures en el ejército romano, una cohorte de astures y lugones, dos cohortes de astures y galaicos y un cuerpo de soldados irregulares también astur. Estos datos permitieron calcular a los especialistas que llegaron a encuadrarse en el ejército romano entre 7.000 y 10.000 nativos de ambos lados de la cordillera Cantábrica. Las mayores levas se realizaron en el mismo siglo I de nuestra era y, en un primer momento, fueron forzosas para aminorar las posibilidades de rebelión, un problema documentado, asimismo, en los primeros años de dominio romano. Pero, al correr del tiempo, con la «profesionalización» del ejército romano, los soldados serían voluntarios, porque el servicio ofertaba muchas posibilidades de promoción social, cultural y económica, dado que, al finalizar los años de alistamiento obligatorio -veinte para las legiones, veinticinco en el caso de las tropas auxiliares-, el licenciado alcanzaba la ciudadanía romana y, con él, su mujer y sus hijos, además de numerosos derechos y privilegios.

La estrategia de la potencia dominadora preveía que los veteranos se convirtieran, de esta forma, en un elemento muy importante de romanización de la Península: al volver a la tierra de origen fundarían explotaciones agrícolas, con lo que asegurarían las actividades romanas de producción, introducirían sus costumbres y propagarían el latín. Además, como podrían insertarse en los niveles bajos del funcionariado gracias a su estatus recién adquirido, contribuirían a aumentar la confianza de la población local en la nueva administración romana.

Durante la época imperial, los requisitos para ingresar en el ejército de Roma eran: medir al menos 1,75, ser delgado pero musculoso y tener buena vista y oído. Los aspirantes a soldados, después de acudir a la oficina de reclutamiento que se encontraba en la capital de provincia, eran sometidos a una entrevista y a un exhaustivo reconocimiento médico. Una vez admitidos, prestaban juramento de obedecer a sus superiores y no desertar.

Desde 1987, el Muro de Adriano, es reconocido como Patrimonio de la Humanidad.

Chichén Itzá es, sin duda, la ciudad maya más famosa del mundo. Ubicada en el estado de Yucatán, a 128 km de Mérida en dirección a Cancún, recibe más de un millón de turistas cada año, lo que la convierte en la segunda zona arqueológica más visitada de México, después de Teotihuacan.

Fue fundada por grupos mayas entre los años 325 y 550 de nuestra era. Alrededor del año 800, los toltecas invadieron la zona, provocando la fusión de las dos culturas. Así, la ciudad alcanzó su máximo esplendor y llegó a ser la más poderosa de la Península de Yucatán a principios del siglo XII. Fue entonces cuando se construyeron los edificios que se conservan hasta ahora, como El Castillo o el Juego de Pelota. De dicha influencia surgió el culto por Kukulcán, la serpiente emplumada que entre toltecas y aztecas llevaba el nombre de Quetzalcóatl. No obstante, menos de medio siglo después de su época de mayor esplendor, una guerra civil acabó con la urbe.

En 1988, la UNESCO designó a Chichén Itzá Patrimonio Cultural de la Humanidad. En 2007 se convirtió en una de las 7 Nuevas Maravillas del Mundo, de acuerdo con una votación internacional organizada por la empresa privada New World Corporation, y en la que participaron más de cien millones de personas.

Las Pirámides de Guiza
Están situadas en las afueras de El Cairo, la piramera Pirámide Keops conforma una de las siete maravillas del mundo,
Las pirámides de Guiza son, de todos los vestigios legados por egipcios de la Antigüedad, los más portentosos y emblemáticos monumentos de esta civilización, y en particular, las tres grandes pirámides de Guiza, las tumbas o cenotafios de los faraones Keops, Kefrén y Micerino, cuya construcción se remonta,al Imperio Antiguo de Egipto.

La Gran pirámide de Keops
Una de las siete maravillas del mundo, se erige en el periodo de mayor apogeo del poder faraónico durante el Imperio Antiguo, y muestra la gran capacidad organizativa y el conocimiento adquirido por los artesanos y técnicos egipcios para erigir tales monumentos, aunque con medios aparentemente simples. Es el mejor exponente de todas las pirámides realizadas en Egipto, la culminación de un proceso de mejoramiento de técnicas constructivas que comenzó en la época de Zoser y prosiguió en la de Seneferu.
Existen diversas teorías que tratan de explicar cómo se construyeron las pirámides, pero no se sabe con certeza cómo se erigieron, al no haber perdurado ningún documento de la época que describa el proceso. Posiblemente, puedan aportar datos significativos las excavaciones arqueológicas que se llevan a cabo en las cercanías de las pirámides, en los restos del poblado de artesanos, el cementerio, los almacenes y las canteras.
El texto más antiguo que indica la manera en que fueron construidas, proviene del historiador Heródoto, y refleja lo que le fue relatado por los sacerdotes Egipcios.
La Pirámide de Jafra (Kefrén)
Perteneciente a la necrópolis de Guiza, fue erigida junto a la pirámide de su padre, Keops. En épocas antiguas fue denominada la Gran Pirámide, debido a que parece ser más alta que la pirámide de Keops. Este efecto es debido a que se encuentra situada en un nivel más alto de la meseta, ademas de que presenta un ángulo más inclinado en sus caras, el ángulo sagrado egipcio, y que fue utilizado en algunas pirámides posteriores. Actualmente, la pirámide de Kefrén realmente es alta que la pirámide de Keops, debido a que la cúspide de esta última se ha deteriorado con el tiempo.

La Pirámide de Micerinos
La mas pequeña de las tres grandes pirámides de Guiza, fue construida por ordenes del faraón Micerinos, nieto de Keops e hijo de Kefrén y alcanza una altura de solo 66.5 metros. Además, presenta un enorme hueco en su cara norte debido al frustrado intento de demoler las pirámides que emprendieran en el siglo XII el monarca Al-Aziz Uthman.

El Coliseo es el principal símbolo de Roma, una imponente construcción que, con casi 2.000 años de antigüedad, os hará retroceder en el tiempo para descubrir cómo era la antigua sociedad del Imperio Romano.

La construcción del Coliseo comenzó en el año 72 bajo el régimen de Vespasiano y terminó en el año 80 durante el mandato del emperador Tito. Tras la finalización de la construcción el Coliseo se convirtió en el mayor anfiteatro romano, con unas dimensiones de 188 metros de longitud, 156 metros de anchura y 57 metros de altura.

El Coliseo en la Antigüedad

Durante el Imperio Romano y bajo el lema de “Pan et Circus”, el Coliseo Romano (conocido entonces como Anfiteatro Flavio) permitía a más de 50,000 personas disfrutar de sus espectáculos preferidos. Las muestras de animales exóticos, ejecuciones de prisioneros, recreaciones de batallas y las peleas de gladiadores acompañaron durante años al pueblo romano.

El Coliseo permaneció en activo durante más de 500 años. Los últimos juegos de la historia fueron celebrados en el siglo VI.

A partir del siglo VI el Coliseo sufrió saqueos, terremotos e incluso bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial. Con un gran instinto de supervivencia, el Coliseo fue utilizado durante décadas como almacén, iglesia, cementerio e incluso como castillo para la nobleza.

El Coliseo en la Actualidad

Actualmente el Coliseo es, junto con el Vaticano, el mayor atractivo turístico de Roma. Cada año lo visitan 6 millones de turistas. El 7 de julio de 2007 el Coliseo se convirtió en una de las Siete Maravillas del Mundo Moderno.

Curiosidades
•El nombre original “Anfiteatro Flavio” fue sustituido por el de Coliseo debido a la gran estatua de Nerón que se encontraba situada en la entrada de la Domus Aurea, “El Coloso de Nerón”. La Domus Aurea fue un gran palacio construido bajo las órdenes de Nerón tras el incendio de Roma.
•El emperador Tito inauguró el Coliseo con 100 días de juegos, lo que costó la vida a más de 2.000 gladiadores.
•El Coliseo tenía un techo de lona para proteger a la gente del sol. Debajo de la arena se situaban la maquinaria y las jaulas.
•Existen diversas teorías sobre que el Coliseo se llenaba de agua para la representación de batallas navales, aunque por el momento no ha habido investigaciones concluyentes.
•Cada Viernes Santo el Papa preside el Vía Crucis en el Coliseo. Siempre ha sido un lugar muy unido a la iglesia y este día se recuerda a los primeros cristianos que murieron en la arena.

Ellora o Ellorā es una localidad de la India, antiguamente conocida con el sobrenombre de Elapurā, se encuentra a 30 km de la ciudad de Aurangābād en el distrito homónimo, en el pradesh o estado federal de Maharashtra.También se conoce como Elapura en la literatura Rashtrakutakannada

Ellora es célebre por su arquitectura rupestre, con monasterios y templos budistas (grupo A : grutas 1 a 12 que datan del aproximadamente el año 500 a aproximadamente el 650), hinduistas (grupo B : grutas 13 a 31 establecidas entre los siglos VII y VIII) y jainas (grupo C : construidos entre los siglos VIII y XIII).

Estas estructuras han sido excavadas en un precipicio de los montes Charanandri, siendo su número total 34, de las cuales 12 son budistas, 17 hinduistas y 5 jainistas. La coexistencia de estas edificaciones demuestra cierto grado de tolerancia interreligiosa en la India hasta la llegada del Islam.

Las grutas budistas son las estructuras más antiguas y consisten principalmente en vihāras y monasterios, algunos de estos son verdaderos santuarios exornados por una imagen del Buda. En este conjunto la joya del lugar es el templo de Kailāsanātha (725-755), se trata de un edificio en forma de templo, completamente excavado en la roca.

En el año 1983, Ellorā ha sido declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco.

Al norte de Damasco se extiende la Terraza de Baalbek, una plataforma construida con enormes losas algunas de las cuales miden 20 metros de lado y pesan casi 2.000 toneladas. ¿Por qué y cómo se construyó la terraza de Baalbek ? ¿Quiénes fueron sus constructores? Hasta ahora, la Arqueología no ha podido ofrecer ninguna explicación convincente. La etimología del topónimo está relacionada al sustantivo bá’al o bēl que en varias lenguas semíticas noroccidentales, como el eblateo, el hebreo o el acadio, significa “señor”. El término Baalbek podría significar entonces “señor de la Bekaa” y estaría relacionado con el oráculo y el santuario dedicado al dios Baal o Bēl.

Baal era una divinidad de varios pueblos situados en Asia Menor y su influencia: fenicios, cartagineses, caldeos, babilonios, sidonios y filisteos. Su significado se aproxima al de “amo” o “señor”.Baal era el “hijo” del dios El. En la mitología cananea se denominaba así (El) a la deidad principal, se lo conocía como «padre de todos los dioses», el dios supremo, «el creador», «el bondadoso». Por lo general, El se representa como un toro, con o sin alas.

La Gran Terraza de Baalbek es una de esas construcciones que la arqueología moderna, con todos los recursos de que dispone, es incapaz de explicar. Nadie sabe quién la edificó, ni cuándo, ni cómo. Un conjunto de templos de la época romana fue construido entre los siglos I y III de nuestra era sobre ruinas griegas previas, y los edificios griegos sobre otras aún anteriores.

La Gran Terraza es una plataforma construida con las mayores piedras talladas conocidas, bloques megalíticos que fueron cortados con gran precisión y colocados para formar unos fundamentos de 460.000 metros cuadrados de superficie. En esta plataforma se encuentran los tres colosales bloques conocidos como el Trilithon, cada uno de los cuales mide casi 20 metros de largo, con una altura de aproximadamente 4 metros y un ancho de 3. El peso de cada uno de esos monolitos monstruosos se ha estimado entre mil y dos mil toneladas; son de granito rojo, y fueron extraídos de la cantera a más de un kilómetro de distancia, valle abajo respecto a la construcción. Curiosamente, éstos tres bloques, no muestran ni ornamentos ni estructuras que tengan parecido alguno con los de la época románica, además, sufren fuertes huellas de erosión por la arena, cosa que nos lleva a la conclusión de que son mucho más antiguos.

Y no sólo eso, no existe ningún mecanismo en la actualidad, ninguna tecnología moderna, capaz de mover su gran peso y colocarlo precisamente en ese lugar. De hecho, la grúa de torre más grande del mundo fabricada por la marca danesa Kroll, es capaz de levantar pesos de 132 toneladas de carga máxima y 91 toneladas a una distancia máxima de 100 metros, un peso insignificante a comparación de lo que pesa cada una de estas losas! Aún es más extraordinario el hecho de que en la cantera haya quedado un bloque aún mayor, conocido por los árabes como Hajar el Gouble, o Piedra del Sur. Todo parece indicar que este grandioso proyecto por alguna razón desconocida tuvo que quedar inconcluso.

De Egipto y Mesopotamia se “especula” que los bloques de piedra fueron transportados por miles de trabajadores con ayuda de cuerdas y rodillos de madera. Pero esas piedras poseen sólo una décima parte de las medidas de las piedras de Baalbek. Y no sólo eso, el terreno está lleno de cuestas, curvas y estrechos espacios para maniobras. Tampoco se han encontrado señales de que el camino en la antigüedad fuera alisado en algún momento, ni tampoco se han encontrado indicios de desniveles que ayudarían en la tarea, pero no debemos olvidar que debían de desplazar estas losas unos 1100 metros !! ¿Cómo lo hicieron?

Aparte de esto, las piedras, algunas de más de 1000 toneladas tenían que ser pulidas, izadas y colocadas de tal forma que encajasen unas con otras a la perfección, de hecho, nadie es capaz de introducir ni una hoja de papel entre sus juntas! Hoy en día, tanto ingenieros, arqueólogos e historiadores se quedan sin aliento cuando se enfrentan a Baalbek: sillares cortados y ensamblados con la misma técnica de los muros imposibles de todas las ruinas megalíticas esparcidas por nuestro planeta.

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