Unas historias perronas

 

La pequeña Karina Chikitova desapareció el 29 de julio de 2014 de su casa en el pueblo de Olom, en la República de Sajá. Se cree que la pequeña se aventuró dentro del bosque buscando a su padre, que no era consciente de que su hija lo seguía, según informa The Siberian Times.

Pasaron cuatro días antes de que la madre de la pequeña pudiese contactar con su marido; en ese momento, descubrió con desesperación que su hija no estaba con él.

Afortunadamente, el leal perrito de Karina caminó junto a ella por el bosque y pronto se convertiría en su salvador.

La pequeña durmió cada noche entre las altas hierbas de la taiga, dificultando enormemente la labor de los helicópteros que trataban de localizarla. Aunque las temperaturas en el área descendían hasta los 6 grados, los rescatadores creen que Karina pudo mantener el calor por las noches acurrucándose con su mascota.

La niña se alimentaba durante el día con bayas silvestres y bebía agua del río, según informa The Siberian Times.

Unas 100 personas participaron en las labores de búsqueda de Karina, aunque casi se perdió completamente la esperanza cuando el cachorro salió solo de los bosques unos diez días más tarde.

“En ese momento se nos encogió el corazón, porque pensábamos que con su perro, Karina tenía por lo menos alguna posibilidad de sobrevivir”, recuerda Afanasi Nikolayev, portavoz del Servicio de Rescate de la República de Saja, según informa The Siberian Times.

Sin embargo, con ayuda de la mascota, los efectivos del servicio de rescate lograron seguir su rastro de vuelta en el bosque, lo que los llevó hasta Chikitova.

La pequeña fue encontrada descalza y, milagrosamente, solo había sufrido picaduras de mosquito y pequeños arañazos durante esta terrible prueba.

 

Durante sus dos años de viaje alrededor del mundo, la pareja británica Peter Lee de 61 años y su esposa Betty de 57, navegaban por la costa de Venezuela cuando fueron atacados por piratas. Después de que cinco hombres abordaran su yate y los amarraran, su perro cazador de 2 años Kankuntu, atacó a los piratas ferozmente hasta que le dispararon y lo apuñalaron. Afortunadamente, los piratas se fueron después del ataque y la familia Lee pudo llevar a Kankuntu al médico y curar sus heridas.

 

Un perro en Milán regularmente toma el autobús número 54 para visitar su lugar favorito en la ciudad. Sólo se sube si es el conductor que le gusta, y una vez que ha llegado a su destino (un parque) salta y vaga por unas horas antes de tomar el mismo autobús a casa de nuevo.

La historia de este perro, que ya había saltado a los medios en 2012, arranca en enero de 2007, cuando, tal y como leemos en blogs como «Mascotas» o «Mirada Crítica», llegó hasta el cementerio de Carlos Paz, donde había sido enterrado su dueño poco tiempo antes.

Según cuentan los familiares de Miguel Guzmán, el propietario fallecido, tras el fallecimiento de su amo, Capitán se escapó de casa y no volvieron a saber nada de él, hasta que unos pocos meses después lo encontraron echado frente a la tumba en la que descansaban los restos del que había sido su dueño.

Nadie sabe cómo el perro pudo identificar el lugar exacto en el que se encontraba su antiguo propietario, pero lo cierto es que desde hace siete años, Capitán se pasa la mayor parte del día vigilando que nada turbe el descanso de su mejor amigo. El perro tan solo abandona el cementerio para visitar la casa donde vivía con su amo, algo que hace en muy contadas ocasiones.

Desde que su enternecedora historia salió en los medios, Capitán se ha convertido en toda una celebridad en la ciudad de Córdoba. Sin embargo, ni la fama que adquirió ni los numerosos curiosos que se acercan al cementerio para verlo han conseguido que deje de hacer compañía a su dueño.

Una operación a la que fue sometido el pasado año, los achaques propios de la edad —se calcula que ronda ya los nueve años— o las varias tentativas para llevárselo del cementerio no han servido tampoco para evitar que este fiel perro pase todas las noches vigilando la tumba de su mejor amigo.

 

Durante 8 años viviendo en un refugio para animales en el Reino Unido, una perra llamado Jasmine ha sido la “madre sustituta” de más de 50 animales rescatados; Incluyendo cachorros, zorros, 4 cachorros tejones, 15 polluelos, 8 cobayas, 15 conejos, un ciervo y un ganso. Cuida a cada uno con mucho afecto, cuidándolos tan pronto como llegan.

 

Cuando en 1986 se estrenó la inolvidable “Nueva semanas y media” el actor estadounidense Mickey Rourke se volvió un símbolo sexual de la época y su carrera auguraba el éxito y el reconocimiento mundial.

Sin embargo, las malas decisiones, adicciones y los giros de la actuación, lo llevaron a un camino pedregoso por el cual se vio inmerso en una profunda depresión que lo llevó a pensar en una drástica decisión.

“Yo estaba pasando por un momento realmente muy duro. Estaba decidido a irme”, cuenta la estrella, de 63 años, durante el documental Eating Happiness.

“Cuando estaba buscando en qué sitio de mi cabeza colocar el arma, apareció mi perro Beau Jack y gimió. Entonces lo miré a los ojos, él me miró y entendí que me estaba diciendo: ‘¿Quién cuidará de mí?’. Y me di cuenta de que no merecía la pena morir”, relata el actor, activista de la organización PETA.

Su relación con los animales quedó expuesta cuando ganó un Globo de Oro con “El Luchador” (2008). Durante su discurso tuvo palabras para sus fieles mascotas.

“A veces, cuando un hombre está solo, todo lo que tiene es a su perro. Significan mucho para mí. Mis perros son todo lo que vale la pena en la vida. Ellos estaban allí cuando no había nadie más”.

Fue durante el 2000 cuando su perro falleció de un ataque al corazón. “Incluso le realicé respiración boca a boca durante 45 minutos, pero no sirvió”, confesó el intérprete de Sim City.

 

comida

Callejeros

Desde hace ya un tiempo que científicos rusos vienen estudiando el comportamiento de los perros moscovitas y han demostrado una capacidad de adaptación por parte de los perros, la cual supera con creces la de los seres humanos.

Perros abandonados han desarrollado la habilidad de tomar el tren todas las mañanas para acercarse al centro de la ciudad en busca de comida y volver por la noche a sus hogares. Saben que en el centro es fácil obtener comida, pero no ofrece comodidad para descansar y dormir. Un dato que sorprende bastante es la capacidad que tienen estos animales de saber exactamente dónde y cuándo subir (escogen los vagones menos ocupados, normalmente el primero y el último). Además, también son capaces de calcular el tiempo de recorrido sin perder su parada y echarse pequeñas siestas. Este acto exige, según Eugene Linden, un razonamiento y pensamiento consciente.

Cuando los canes llegan al centro también se observa una adaptación importante en el momento de cruzar semáforos, ya que, aunque no distingan colores, son capaces de hacerlo cuando éstos están en verde y no en rojo. Referente a la obtención de comida, principal objetivo del viaje, los perros se acercan a los quioscos y se quedan tumbados al lado de éstos hasta que llega un turista, o varios, y compra algo de comida. Es en ese momento que entran en acción y empiezan a ladrarles consiguiendo que la comida caiga al suelo por el susto y quedarse ellos con el deseado manjar. Según el Instituto de Ecología y Evolución de Moscú, lo más sorprenderte de esta habilidad es que saben quién se asustará y, por tanto, dejará caer la comida, y quién no. Otra habilidad para obtener comida es la del chantaje emocional, ya que recurren a turistas o personas residentes que estén tomando tranquilamente un aperitivo en la calle y se colocan junto a ellos con ojitos tiernos y quejidos suaves. Normalmente, las que más caen en esta “trampa” son las mujeres que se sensibilizan más en estos casos.

El estudio estima que de los 500 perros que viven en el suburbano, unos 200 utilizan este sistema a diario.

 

 

Porque son fieles, hermosos, cariñosos, nos llenan de besos, nos hacen reír, y bueno, según el hinduismo son los mensajeros de Yamaraj, el Dios de la Muerte, es que los perros se ganaron un día completo de homenaje en Nepal, donde incluso a los callejeros se les preparan comidas exquisitas, los cubren con polvos de colores vistosos y adornan con guirnaldas de flores.

Este día que se llama “Kukur Tihar” (adoración a los perros), forma parte del “Diwali”, el “Festival de las Luces”, que se celebra durante el otoño y específicamente en la luna nueva del mes de Kartika, durante cinco días y con diferentes variaciones en la India, Sri Lanka, Birmania, Malasia, Singapur, Mauricio, Guyana, Trinidad y Tobago, Surinam, Fiyi y Nepal. En este último país, se celebra el segundo día del festival a nuestros compañeros más leales. Una forma de reconocer la relación tan cercana entre perros y humanos, el hecho de que representan el camino hacia la justicia e incluso, que son los guardianes de las puertas hacia la vida eterna.

El origen del “Kukur Tihar” se remonta a miles de años atrás, cuando murió Yudhisthira, un príncipe que ascendió al cielo con su perro, pero que tuvo un imprevisto justo antes de entrar, ya que Indra, el Dios de los Cielos, le pidió que abandonase al animal. Mandato, al que Yudhisthira se negó tajantemente, incluso prefiriendo no ir a ese paraíso celestial, con tal de quedarse con su compañero más fiel y que no lo había abandonado en los momentos más difíciles de su vida. Finalmente las razones convencieron a Indra y los dejó entrar a ambos, convirtiendo incluso al perro en un Dios.

 

La estatua de Hachiko es una famosa estatua de un perro que poseía la legendaria lealtad hacia su propietario. La estatua de Hachiko se ha convertido en una atracción turística popular y un lugar de encuentro. La famosa historia de Hachiko el perro, que era un macho marrón dorado Akita Inu (una raza japonesa desde las montañas del norte de Japón), empieza llegando él a la estación de Shibuya todos los días sólo para esperar el regreso de su amo el Profesor Hidesaburo Ueno. Este patrón se prolongó durante poco más de un año, hasta que un día en 1932 el profesor Hidesaburo Ueno no regresó. Había sufrido una hemorragia cerebral, mientras estaba lejos en el trabajo, y murió. Por los próximos nueve años, Hachiko siguió llegando a la estación en el momento justo que llegaba el tren que debería transportar a su amo.

Durante estos nueve años, la fama de Hachiko creció con varios artículos en los periódicos. La historia de Hachiko era a menudo contada a los niños como un ejemplo de gran fidelidad y lealtad. Además de la estatua de Hachiko en la estación de Shibuya, hay otras dos estatuas en la ciudad natal de Hachiko, uno fuera de la estación de Odate y otro en frente del Museo del perro de Akita. Hay un monumento a Hachiko junto a la tumba de su amo en el cementerio Aoyama. Los restos de Hachiko se conservaron y están en exhibición en el Museo Nacional de Naturaleza y Ciencia. Una de las muchas salidas de la estación de Shibuya ha sido nombrado después en honor a Hachiko.


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